Editorial Invierno 2020

Cuentas de la vacilación

La pandemia superó el medio año de existencia; el virus Covid-19 parece sobrecodificar casi la totalidad de la vida. No hay resquicios para evitar mencionarlos; creemos no exagerar. Es imposible editorializar cualquier instancia de expresión ignorando sus efectos. Que la pandemia legaría un mundo radicalmente diferente se pudo intuir desde su emergencia a nivel global, es decir, cuando el proceso de dispersión de contagios excedió la instancia de una epidemia más y el mundo se detuvo, o estuvo cerca.
Es muy difícil hacer predicciones sobre la sociedad que devendrá. Ya no soñamos tan fácilmente con cielos más azules o cardúmenes visitando las costas de aguas antes inhabitables. Otros items se impusieron en las agendas, posponiendo cualquier sueño urgente de cambio social, ligados a la sobrevivencia y la pobreza estructural. El trabajo a distancia, la ausencia de ciertas libertades, la relación ciencia y poder, las nuevas formas para la educación, son temas que merecen debates profundos y generalizados. No sucede. Si poco podemos decir del virus, su mayor consecuencia parece ser la expectaciónen la sociedad. No hay elementos a la vista que dejen lugar a acciones en primera persona y en plural de parte del grueso de las poblaciones en las directivas generales de –no lo olvidemos- el destino de sus vidas. No hay debates donde se pueda incidir en decisiones, ni canales de participación. Así, las distancias entre medidas de gobierno y necesidades se profundiza en algunos aspectos, y parece tibia en otros. Aún valorando y mucho algunas medidas paliativas, si sopesamos la profunda crisis estructural que transitamos, se concluye que estamos en el preludio de profundas luchas y conflictos.


Apenas sabemos que el proceso está abierto; solo eso. Como si el sufrimiento fuese poco, los actos represivos por fuerzas del estado, la violencia doméstica, la violencia civil exacerbada, y el número constante de femicidios conforman un clima social difícil de sobrellevar. Compleja situación para presentar un conjunto de imágenes, de textos y sentidos poéticos en un contexto que no casualmente tiene a la distopía como género de moda en los últimos años.
En la introducción pasada nos preguntábamosa a qué normalidad queríamos regresar y en la anterior mirábamos perplejos la pasividad con que las grandes mayorías enfrentaban el riesgo sanitario en virtud de una continuidad automatizada. Hoy la pregunta es si habrá disposición para rechazar esta normalidad que vino para quedarse y mantiene a la política secuestrada. Nuestra esperanza sigue estando en los invisibilizados actos de solidaridad y construcción que realizan los movimientos alternativos. Que el distanciamiento recomendado sea físico, no implica que deba ser social.
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Palabras codificadas al ritmo de la pandemia


A principios del año las noticias de Wuham alertaban de un peligro. Uno más. Uno entre tantos. Las palabras de un ministro habían anunciado que ese peligro nunca llegaría a estas tierras, pero en pocas semanas estaban diluidas y rechazadas por la realidad. Con aciertos y errores, estas palabras decíamos aquellos días. No hablan de otra entidad que no sea la política, la relación entre particulares y universales, y del hacer -o no- colectivo y autónomo, o no.

Marzo de 2020. De pandemias y sumisiones.

Abril de 2020. De pandemias y emancipaciones



Marzo de 2020.
De pandemias y sumisiones.

La negación y el rechazo, en determinadas situaciones, pueden ser muy buenos indicadores del grado de libertad de las personas. La aceptación pasiva está apareada sin conflicto a lo puesto, a lo hecho o lo dado; pero contrariamente, el grito de rechazo es el principio de la libertad. Sin desobediencia no hay superación de la tradición, y en las sociedades desiguales tradición es conservación. Esto último es una obviedad lógica, pero no está de más recordarlo. Infinidades de veces nuestras aceptaciones son bajo coerción; cotidianamente decimos si para que los sistemas no vuelen por los aires, como si no estuviésemos preparados para enfrentar el caos. Pero existen límites. Las pulsiones de vida tarde o temprano aparecen, y en épocas de pandemia todo puede pasar.

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Abril de 2020.
De pandemias y emancipaciones

En los primeros días de 2020 comenzaron a difundirse noticias de personas infectadas por el virus COVID-19, todavía muy lejos de Argentina. A poco más de tres meses, en los primeros días de Abril, vemos que el mundo es otro. Es el mismo, pero otro. Es difícil suponer que las relaciones entre las personas, entre estados y el nexo naturaleza sociedad, continúen como hasta entonces. Aun cuando no se pueda afirmar nada certero sobre lo que sobrevendrá o logremos constituir.
El orden resultante será función -como en cada crisis- de la puja de fuerzas sociales existentes, esta vez en un escenario novedoso y hostil para las partes. Para todas las partes. Es imprescindible reflexionar sobre estas configuraciones, revisar las premisas y vislumbrar las posibilidades de intervención de los diversos agentes ya que es mucho lo que se está afirmando, y muy poco lo deliberado; sobre todo entre las grandes mayorías.

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Presentación del libro ¡STOP! COVID-19: ¿Volver a la normalidad?

Franco Bifo Berardi.
El virus como metáfora y agente material…

Intervenciones

Los movimientos sociales están llevando adelante un trabajo invisible -mejor dicho, invisibilizado- para el mundo aparente de medios, agendas y mandatos del establishment. Referimos enlaces a emprendimientos con fuerte impronta autogestiva que potencian la solidaridad latente en buena parte de la sociedad con la construcción de instancias de base que son no solo lazos de ayuda sino escuela de organización, verdaderos laboratorios sociales que ya no solo resisten, sino que prefiguran modelos sociales alternativos. Entendemos que todo cambio social tiene su genesis en el hacer; y sin olvidar la querida Tesis once podemos decir que hacemos para cambiar, mientras hacemos entendemos, y si entendemos y hacemos estamosen mejores condiciones de revolucionar.

Trabajo Invisible

En Rosario, Ciudad Futura acerca experiencias de trabajo invisible en la forma de merenderos y ollas. Se menciona el dengue, se menciona la ayuda estatal que no alcanza.
» La primera enseñanza es que tenemos que ver el mundo de otra manera. Nos tenemos que dar cuenta de que no puede haber más pobreza».
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Trabajo Invisible

La solidaridad es la ternura de los pueblos. La frase se repite en afiches, avisos, mensajes con pedidos. Se siente, se vivencia.
La olla popular y el ropero comunitario suceden todos los domingos desde la previa del mediodía, en La Casa Cultural Gran Sur. Es en los límites entre Boedo y Parque Patricios. Surgió entre los bachilleratos populares ligados en Confluencia y Gran Sur, un hermoso lugar que se fué colmando con libros y que un domingo de agosto tuvo por frase: “Nadie puede crecer sin un abrazo”.
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